UE-MERCOSUR: ¿ACUERDO ESTRATÉGICO O RENDICION ANTE EL CHANTAJE ARANCELARIO DE TRUMP?
Por Raquel Lacasta
La firma del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur, sellada este sábado en Paraguay tras 25 años de idas y venidas, llega en el peor momento: envuelta en las amenazas arancelarias de Donald Trump, que la convierte en un acto de supervivencia más que de victoria económica. El pacto elimina aranceles en más del 90% de los bienes –carros, vinos y quesos europeos por carne, azúcar y arroz sudamericanos–, prometiendo un boost de 49.000 millones de euros en exportaciones UE para 2040 y acceso a minerales clave para diversificar de China. Pero el telón de fondo es puro Trump: su ultimátum de aranceles a países que no respalden su obsesión por Groenlandia, territorio danés que quiere para "seguridad nacional" contra Rusia y China.
El chantaje trumpiano: Groenlandia o tarifas
Trump no disimula: "Pondré aranceles a países que no vayan con Groenlandia, porque la necesitamos para la seguridad", declaró en una cumbre sanitaria, cuestionando incluso el rol de EE.UU. en la OTAN si no hay apoyo. Dinamarca y Groenlandia rechazan de plano la "compra" o anexión, respaldados por siete líderes europeos que envían tropas al Ártico en señal de soberanía. La UE, pillada en medio, ve peligrar su pacto comercial con Washington –firmado el año pasado y aún por ratificar–, con eurodiputados debatiendo congelarlo como represalia. Von der Leyen, que estampó su firma con Trump en Escocia, ahora acelera Mercosur para amortiguar el golpe de posibles tarifas yankis del 15% o más.
Mercosur como salvavidas anti-Trump
El timing no es casual: con Trump amenazando la estabilidad transatlántica, Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) se erige como zona franca para el 30% del PIB global y 700 millones de consumidores. Europa gana diversificación ante sanciones y dependencia china; Sudamérica, mercados para su agro pese a protestas de agricultores galos por la "inundación" de carne barata y deforestación amazónica. Francia, Polonia y Hungría ya se opusieron, y el Parlamento Europeo votará en abril-mayo, con riesgo de recurso al Tribunal de Justicia por cláusulas ambientales. Pero el chantaje de Trump fuerza la máquina: firmar ya para no quedarse fuera del mapa comercial en la era post-EE.UU.
Trump usa Groenlandia –y la OTAN como rehenes– para doblegar a aliados, recordándonos que en geopolítica, los tratados son frágiles ante un tuit presidencial. La UE diversifica con Mercosur, pero ¿a qué precio? Si la OTAN no cede, prepárense para aranceles y un Ártico más caliente. Europa juega al ajedrez; Trump, al póker. ¿Quién farolea mejor?
Al final, esta firma es menos celebración, que maniobra defensiva.
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