Hoy me regalaron DISPONIBILIDAD

PARA MARGA- Por Raquel Lacasta

Hoy no me regalaron tiempo. Me regalaron algo mucho más escaso: disponibilidad.

No fue un gran gesto ni un momento solemne. Fue una frase sencilla, casi ligera, de esas que podrían pasar desapercibidas si no fuera porque, en realidad, contenía un mundo entero: “Estoy aquí para ti”.

Y es curioso cómo, en un tiempo donde todo parece inmediato, lo verdaderamente valioso sigue siendo profundamente humano. La disponibilidad no es tener la agenda vacía, ni responder rápido a un mensaje. Es abrir un espacio interior, apartar el ruido, y decirle a otro: puedes entrar, puedes quedarte, puedes ser escuchado.

Vivimos rodeados de conexiones, pero a veces huérfanos de presencia. Por eso, cuando alguien se ofrece desde la calma, sin prisas, sin mirar el reloj, ocurre algo casi invisible pero poderoso: uno deja de sentirse solo, incluso antes de decir una sola palabra.

La disponibilidad tiene mucho de generosidad silenciosa. No exige protagonismo, no busca soluciones inmediatas. Se parece más a una silla que se acerca sin hacer ruido, a una mirada que sostiene, a un silencio que no incomoda. Es, en esencia, el arte de estar sin invadir, de escuchar sin interrumpir, de comprender sin juzgar.

Y ahí entra la escucha activa, esa forma de atención que no solo oye, sino que acoge. Escuchar de verdad es un acto revolucionario en un mundo que siempre tiene algo que decir. Es regalarle al otro la certeza de que su historia importa, de que sus palabras no caen en vacío.

Las relaciones no se construyen solo con momentos compartidos, sino con espacios ofrecidos. Con ese “aquí estoy” que no necesita adornos, pero que sostiene más de lo que imaginamos.

Quizá la vida no se trate de tener siempre algo que aportar, sino de aprender a estar disponibles cuando más se necesita.

Hoy, alguien me recordó que estar es, muchas veces, el mayor regalo.

RAQUEL LACASTA

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