VIAJAR EN ESPAÑA SE HA CONVERTIDO EN DEPORTE DE RIESGO.
Raquel Lacasta
Suben las tarifas, bajan los vuelos y la demanda explota. Una ecuación perfecta… siempre que seas ADIF, claro. Para el ciudadano de a pie, en cambio, moverse dentro del país se ha convertido en una auténtica gincana: horarios imposibles, trayectos saturados y precios que parecen calcularse en órbita.
Con menos vuelos internos, más viajeros se agolpan en trenes, carreteras o cualquier medio que aún aguante el tirón. Y así, poco a poco, el sistema se convierte en un embudo donde todo el mundo presiona desde abajo… hasta que algo cede. A veces, desgraciadamente, con consecuencias que van mucho más allá de un retraso o un enfado en los atascos.
Porque cuando la improvisación y la sobrecarga se instalan en nuestros transportes, las tragedias dejan de ser accidentes aislados. Lo vimos en Adamuz, hoy en Barcelona, y cómo olvidar el trágico accidente del Alvia en Santiago, que aún duele en la memoria colectiva.
Detrás de cada cifra hay nombres, historias, familias que no olvidan. Y por eso, entre tanta subida, recorte y promesa incumplida, vale la pena recordar que viajar debería ser un derecho seguro, no una ruleta con billete incluido.
Hoy este post no busca señalar con el dedo, sino recordar con respeto a las víctimas y a sus familias. A todos los que perdieron a alguien en la carretera, en la vía o en el aire… que su recuerdo nos recuerde también lo que no debemos volver a permitir...
Que vuelen alto. Descansen en paz.
RAQUEL LACASTA
Comentarios
Publicar un comentario