MACRON ACTIVA EL ANTI CHANTAJE EUROPEO, POLARIZADO ENTRE MANOTAZOS


Por Raquel Lacasta

Emmanuel Macron ha decidido moverse como alfil en diagonal sobre el tablero de ajedrez mundial, impulsando el llamado “mecanismo anticoacción” europeo: una herramienta pensada para que la UE pueda responder cuando una potencia intenta estrangularla con amenazas económicas o comerciales, ya vengan envueltas en aranceles, en chantajes energéticos o en bloqueos diplomáticos. Este movimiento no solo es técnico; es profundamente político: busca decirle a Washington, Pekín, Moscú o a cualquier otro jugador que Europa no está dispuesta a seguir siendo el peón dócil que se sacrifica a mitad de partida, sino una pieza capaz de contraatacar cuando la usan como rehén económica. En medio de este giro estratégico,

 Macron aparece en la escena pública con sus llamativas gafas polarizadas en azul, casi un manifiesto visual: un guiño a la bandera europea, a la gélida Groenlandia, una declaración de modernidad y un toque de vanidad cuidadosamente calculada. 

En este momento, esas gafas azules no son solo un accesorio, son casi un logo: el presidente que quiere mirarlo todo en clave europea mientras se vende como líder intelectual del continente. 

El problema es que, en política, la puesta en escena nunca es lineal: mientras él juega a estadista, otro “frame” da la vuelta al mundo, el de su mujer, Brigitte, bajando de un avión privado soltándole un manotazo hábilmente captado por cámaras indiscretas, y medio planeta se olvida por un momento del mecanismo anticoacción para comentar el drama íntimo del palacio. La ironía es brutal: el presidente que busca blindar a Europa frente a la coerción de las grandes potencias queda reducido a meme donde la única “coacción” visible es la del matrimonio. 

Mientras Macron intenta que la UE deje de ser chantajeada con gas, aranceles o amenazas comerciales, las redes se llenan de chistes sobre cómo “ni en su propia casa manda”. Y, sin embargo, el contraste revela algo incómodo: el relato público siempre se pega más a las gafas, al avión privado y a la bronca en la escalerilla que a los instrumentos jurídicos que pueden cambiar el equilibrio de poder global. 

El mecanismo anticoacción pretende defender la soberanía europea; la escena del matrimonio presidencial muestra lo frágil que es la autoridad cuando se mide en clics y no en leyes. En el tablero mundial, Macron mueve ficha; en el tablero mediático, la jugada que gana no es el reglamento europeo, sino el bofetón simbólico a pie de escalera. 

Quizá esa sea la mayor lección: por muy sofisticado que sea el mecanismo anticoacción, siempre habrá algo más fácil de entender que la geopolítica: un gesto, unas gafas azules… y una bronca conyugal en prime time.

Voy por las palomitas...

RAQUEL LACASTA

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