ESA MAGIA QUIETA QUE CURA SIN PEDIR NADA...
Por Raquel Lacasta
Imagina esas tardes grises en Madrid, con gotas de lluvia resbalando lentas por la ventana como lágrimas que no terminan de caer, dibujando ríos temblorosos en el vidrio mientras el silencio de la calle se quiebra con unas notas que se cuelan directas al alma.
Ahí entra la MÚSICA, esa cómplice perfecta que te agarra del pecho y remueve todo: libera una oleada de dopamina que te eleva como un vuelo inesperado, calma la tormenta interior con serotonina suave o aviva esa nostalgia dulce que acelera el corazón al ritmo hipnótico de la lluvia, al son de esas.personas que corren de un lado a otro en oleadas...
Son valses olvidados que sincronizan cada gota con tu pulso, activan rincones del cerebro que reducen el estrés y, como susurraba Lorca, convierten esas gotas en poetas del agua abriendo rosas en el pecho donde el tiempo se para.
Te atrapan en una ráfaga secreta que te arrastra volando —lejos de la urbe empapada, a praderas que huelen a hierba mojada, costas perdidas o refugios donde el alma baila libre sin que muevas un pie del sofá.
Pon tu playlist ahora, mira cómo caen las gotas, déjate llevar por esa magia que cura sin pedir nada: la lluvia golpea, las notas abrazan, el mundo entero se borra mientras te transportista envuelto en ese halo que te envuelve y te eleva hacia alguna parte...llenándolo todo de color.
RAQUEL LACASTA
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