BOURNOT Y SALUD DIGITAL
Por Raquel Lacasta
El llamado “burnout digital” en los niños no es una moda ni un invento alarmista, es la consecuencia directa de exponer cerebros inmaduros a un entorno pensado para enganchar a adultos.
Cuando la pantalla coloniza tardes, noches y fines de semana, el círculo circadiano del sueño se rompe: hay niños que se duermen mucho más tarde, descansan peor, se levantan irritables y arrastran una fatiga constante que afecta a su rendimiento escolar y a su desarrollo físico y emocional.
A eso se suma un auténtico síndrome de abstinencia encubierto: cuando se les retira la tablet, la consola o el móvil aparecen nerviosismo, ansiedad, enfado desproporcionado, incapacidad para entretenerse con otra cosa e incluso síntomas físicos como dolor de cabeza o malestar general, señales claras de una dependencia que muchos adultos minimizarían en sí mismos, pero que en un menor es un auténtico semáforo en rojo.
La falta de autorregulación emocional es otro rasgo clave: el niño se acostumbra a obtener estímulos inmediatos, recompensas instantáneas y distracción constante, de modo que le cuesta tolerar el aburrimiento, la frustración y cualquier tarea que requiera paciencia o esfuerzo sostenido. De ahí deriva la agresividad por separación de pantalla: gritos, insultos, rabietas extremas, golpes a objetos o incluso a otros, no porque la pantalla tenga un valor real, sino porque se ha convertido en el regulador externo de su estado de ánimo.
Y mientras los adultos “descansan” dejándoles navegar solos sin supervisión, los exponemos a peligros que van mucho más allá del cansancio visual: contenidos violentos o sexualizados para los que no están preparados, grooming, acoso, retos virales peligrosos, normalización de conductas de riesgo y modelos de relación basados en la humillación, la exhibición permanente y la búsqueda compulsiva de validación.
Dejar que un menor recorra internet sin control es lo más parecido a abandonarlo de noche en una ciudad desconocida: quizá vuelva a casa sin daños, pero el riesgo es tan alto que no puede llamarse libertad, sino dejación de responsabilidades.
Cuidar su salud digital, limitar tiempos, acompañar, explicar y, sobre todo, poner límites claros no es ser represivo; es la única manera de evitar que el burnout digital se convierta en un problema crónico que arrastre a la adolescencia y adultez.
Y tú.. ¿has metido ya a tu gato en el congelador?
RAQUEL LACASTA
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